El Sieger de Adiestramiento y los rastros
A partir del conocimiento de que la pista de rastros del próximo mundial de Sevilla sería tierra arada, algunos aficionados desearían que los campos de rastreo del próximo Sieger se correspondan con ese tipo de superficie.
En todos estos años de aficionado al adiestramiento canino en que he intentado presentar a mis perros en las disciplinas del Schutzhund, el prepararlos para rastrear y el observarlos hacerlo, a ellos y a tantos otros de mis amigos y de otros aficionados que he visto, siempre me hizo pensar que de las tres secciones, es en ésta en la que el perro tiene la mayor oportunidad de ser él, con un mínimo de interacción con humanos, sólo él debe resolver las variadas dificultades que se le pueden presentar mientras lo hace, los guías casi nunca podemos saber que ocurrió en el terreno en que marcamos un rastro durante las horas previas a nuestra llegada, los animales que pueden haber estado justamente en la huella que dejamos, los olores de posibles presas para un predador que aunque esté socializado por miles de años de convivencia con la especie humana, sus genes siguen teniendo latentes las posibilidades de serlo, o el olor de la orina de sus congéneres, machos y hembras, con lo que desencadena en su conducta el olfatearlo y tantos considerandos más.
Todo ello sin entrar a considerar la superficie del terreno, la o las especies herbáceas que le dan cobertura vegetal o su ausencia, como ocurre en un campo arado, la estructura y tamaño de los terrones, su composición: si es un suelo franco, arcilloso, arenoso, limoso, combinado, etc.

Todas estas variables nos obligan a reflexionar y a buscar respuestas con alguna base científica sobre las causas que determinan que un perro pueda seguir un rastro. Se estima que el hombre y los animales al pisar un terreno con cobertura vegetal, producen la rotura de millones de células del vegetal pisado y la liberación de los componentes líquidos y organoides de su interior, componentes que a los pocos minutos comienzan a sufrir transformaciones, podemos llamar de “oxidación”, que empiezan a difundir en el aire de su alrededor, lo que genera en la zona pisada una diferencia de olor respecto de la zona no pisada.
A la rotura del cuerpo vegetal y su oxidación deben agregarse la destrucción de millones de microorganismos, bacterias, hongos unicelulares, protozoarios, etc, presentes en la superficie de las partes del vegetal y fundamentalmente en el terreno que fue presionado por las pisadas de quien camina por esa superficie. A mayor peso y presión, mayor destrucción y mayor “oxidación”, mayor liberación de olores la que se estima comienza a los pocos minutos de producida y dependiendo de factores ambientales tales como brisas, humedad, temperatura, vientos, lluvias o heladas alcanza niveles óptimos para luego comenzar a difundirse hasta no ser percibida finalmente.

Si el campo está arado y sin cobertura vegetal alguna, al caminar sobre esa superficie, el peso y presión de la pisada produce la destrucción de millones de esos microorganismos con lo que se daría también la liberación de olores por los mismos motivos expuestos. A esto queremos agregar los olores producidos por las células y sustancias presentes en la superficie del cuerpo y en el caso de humanos la vestimenta de quien pisa el terreno y que van cayendo durante su desplazamiento.
En el interior del hocico de un perro existe un tejido mucoso, muy replegado formando circunvoluciones, en el que impactan las partículas volátiles olorosas cada vez que el ejemplar inspira.Tiene aproximadamente 120 millones de células captadoras, contra unos 5 millones en el hombre; su superficie es de unos 18 cm. cuadrados frente a los 2 ó 3 cm. cuadrados en nuestra especie. Se sabe que para una amplia variedad de compuestos, la concentración mínima en el aire es entre 1.000 y 100.000.000 de veces inferior a la posible de ser detectada por los humanos, en los que la proporción de aire inspirado conducido a la mucosa olfatoria, es sensiblemente menor que en los perros, todo esto es lo que les permite discriminar muy bien la diferencia de olores presentes en la zona pisada en relación a la zona no pisada.

Tengamos en cuenta que hablamos de zonas contiguas, cada paso y su derredor. Enseñar a un perro a rastrear es enseñarle a diferenciar esas zonas y mantener su desplazamiento a lo largo del trazado del rastro sin que abandone su interés por la búsqueda, sin ventear, acción que les es más propia, la que lo llevará a la gratificación deseada. Las técnicas para lograr esto son tan variadas como exitosas o no. Lo que si damos como cierto son los argumentos de producción del olor.
La presencia y el tipo de vegetación o no, la mayor o menor cobertura de rastrojos, el que un campo esté en barbecho o recién arado o sembrado, más las condiciones de rotura y los factores climáticos, independientemente de la calidad de un ejemplar y la forma en que se lo enseñó a rastrear, a lo que habría que agregar la influencia derivada del nerviosismo o la relajación del guía, lo que influye sobre la concentración y decisión del ejemplar, hacen un conjunto enorme de variables que se ponen en juego en el momento de presentarse un guía con un perro en una pista de rastros, y es ahí en donde se funda lo apasionante y lo difícil de esta disciplina .
Roberto Lucas Márquez
Dirección de Adiestramiento
Articulo publicado en la web de POA,
Autor Roberto L. Marquez
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El Sieger de Adiestramiento y los rastros
A partir del conocimiento de que la pista de rastros del próximo mundial de Sevilla sería tierra arada, algunos aficionados desearían que los campos de rastreo del próximo Sieger se correspondan con ese tipo de superficie. En todos estos años de aficionado al adiestramiento canino en que he intentado presentar a mis perros en las disciplinas del Schutzhund, el prepararlos para rastrear y el observarlos hacerlo, a ellos y a tantos otros de mis amigos y de otros aficionados que he visto, siempre me hizo pensar que de las tres secciones, es en ésta en la que el perro tiene la mayor oportunidad de ser él, con un mínimo de interacción con humanos, sólo él debe resolver las variadas dificultades que se le pueden presentar mientras lo hace, los guías casi nunca podemos saber que ocurrió en el terreno en que marcamos un rastro durante las horas previas a nuestra llegada, los animales que pueden haber estado justamente en la huella que dejamos, los olores de posibles presas para un predador que aunque esté socializado por miles de años de convivencia con la especie humana, sus genes siguen teniendo latentes las posibilidades de serlo, o el olor de la orina de sus congéneres, machos y hembras, con lo que desencadena en su conducta el olfatearlo y tantos considerandos más. Todo ello sin entrar a considerar la superficie del terreno, la o las especies herbáceas que le dan cobertura vegetal o su ausencia, como ocurre en un campo arado, la estructura y tamaño de los terrones , su composición: si es un suelo franco, arcilloso, arenoso, limoso, combinado, etc. Todas estas variables nos obligan a reflexionar y a buscar respuestas con alguna base científica sobre las causas que determinan que un perro pueda seguir un rastro. Se estima que el hombre y los animales al pisar un terreno con cobertura vegetal, producen la rotura de millones de células del vegetal pisado y la liberación de los componentes líquidos y organoides de su interior, componentes que a los pocos minutos comienzan a sufrir transformaciones, podemos llamar de “oxidación”, que empiezan a difundir en el aire de su alrededor, lo que genera en la zona pisada una diferencia de olor respecto de la zona no pisada. A la rotura del cuerpo vegetal y su oxidación deben agregarse la destrucción de millones de microorganismos, bacterias, hongos unicelulares , protozoarios, etc., presentes en la superficie de las partes del vegetal y fundamentalmente en el terreno que fue presionado por las pisadas de quien camina por esa superficie. A mayor peso y presión, mayor destrucción y mayor “oxidación”, mayor liberación de olores la que se estima comienza a los pocos minutos de producida y dependiendo de factores ambientales tales como brisas, humedad, temperatura, vientos, lluvias o heladas alcanza niveles óptimos para luego comenzar a difundirse hasta no ser percibida finalmente. Si el campo está arado y sin cobertura vegetal alguna, al caminar sobre esa superficie, el peso y presión de la pisada produce la destrucción de millones de esos microorganismos con lo que se daría también la liberación de olores por los mismos motivos expuestos. A esto queremos agregar los olores producidos por las células y sustancias presentes en la superficie del cuerpo y en el caso de humanos la vestimenta de quien pisa el terreno y que van cayendo durante su desplazamiento. En el interior del hocico de un perro existe un tejido mucoso, muy replegado formando circunvoluciones, en el que impactan las partículas volátiles olorosas cada vez que el ejemplar inspira. Tiene aproximadamente 120 millones de células captadoras, contra unos 5 millones en el hombre; su superficie es de unos 18 cm. cuadrados frente a los 2 ó 3 cm. cuadrados en nuestra especie. Se sabe que para una amplia variedad de compuestos, la concentración mínima en el aire es entre 1.000 y 100.000.000 de veces inferior a la posible de ser detectada por los humanos, en los que la proporción de aire inspirado conducido a la mucosa olfatoria, es sensiblemente menor que en los perros, todo esto es lo que les permite discriminar muy bien la diferencia de olores presentes en la zona pisada en relación a la zona no pisada. Tengamos en cuenta que hablamos de zonas contiguas, cada paso y su derredor. Enseñar a un perro a rastrear es enseñarle a diferenciar esas zonas y mantener su desplazamiento a lo largo del trazado del rastro sin que abandone su interés por la búsqueda, sin ventear, acción que les es más propia, la que lo llevará a la gratificación deseada. Las técnicas para lograr esto son tan variadas como exitosas o no. Lo que si damos como cierto son los argumentos de producción del olor. La presencia y el tipo de vegetación o no , la mayor o menor cobertura de rastrojos, el que un campo esté en barbecho o recién arado o sembrado, más las condiciones de rotura y los factores climáticos , independientemente de la calidad de un ejemplar y la forma en que se lo enseñó a rastrear, a lo que habría que agregar la influencia derivada del nerviosismo o la relajación del guía, lo que influye sobre la concentración y decisión del ejemplar , hacen un conjunto enorme de variables que se ponen en juego en el momento de presentarse un guía con un perro en una pista de rastros, y es ahí en donde se funda lo apasionante y lo difícil de esta disciplina .
Roberto Lucas Márquez
Dirección de Adiestramiento
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